Vivir en un piso compartido 19
Por la casa de Ercilla de Bilbao siempre pasaba gente, todos los dias, amigos de amigos, conocidos, aquello era como una estacion de metro. Una de las personas que no faltaba ningun dia era Yolanda, que la llamabamos Yoliboom. Esta chica era la bomba, no sabiamos si estaba loca o se lo hacia, pero era divertidisima, y siempre te salia con la cosa mas disparatada que te pudieras imaginar.
Yoliboom era cleptómana, es decir, no podia dejar de robar, fuese lo que fuese. Y era un choque muy grande, porque era simpatiquisima y una tia que lo daba todo, pero siempre que podia te robaba. Cada dia que venia a casa venia con jamon de jabugo, o pate carisimo, o langostinos, o solomillo. Nosotros flipabamos de los regalazos que nos hacia, no entendiamos de donde lo sacaba todo, porque ella tampoco era que tuviera mucho dinero.

Un dia nos confesó de donde sacaba todas esas delicatessen. Nos llevo a mi compañera de piso y a mi al super de la esquina y vimos como con todo el morro del mundo, se metia en el bolso un queso carisimo y una lata de caviar. Y salia del super saludando a la encargada diciendo que vendria mas tarde a comprar, que tenia que ir a recoger a sus sobrinos al cole. Todo mentira, la tia se habia llevado todo eso por el morro. Al salir nos dio un ataque de risa, por la tension vivida, y por el morro tan grande que tenia la tia. Mientras comiamos en la cocina esas cosas que siempre nos regalaba, flipabamos con la Yoliboom.
La tia siguió haciendo lo del super, pasaron los dias, pero un dia notamos que a mi y a otro amigo de casa nos faltó dinero en la cartera. Estaba claro, la cleptomana nos estaba robando en nuestras propias narices. Ahí acabó el contacto con esta chica, nos dio mucha pena pero estuvimos dandole la espalda durante un tiempo.
En esos dias yo solia ir a hacer la compra a ese mismo supermercado, y por probar, habia dias que me metia unas pilas en el bolsillo, otro dia cuchillas de afeitar, y me daba cuenta que no pasaba nada, porque habian dos cosas en ese super que facilitaba el hurto, y era que no habia “pitas”, esas puertas en la salida que pitan cuando te llevas algo del super. No habia ninguno asi que podias salir con todo lo que quisieras porque no pitaba nada. Tambien habian solo dos o 3 empleadas que no daban abasto, estaban hasta arriba de trabajo, nadie vigilaba, y en el centro del super habia una especie de esquina letal donde te metias ahí y no te veia nadie, era como estar en una habitacion cerrada. Ahí metias las cosas en tu bolsa, que tampoco nadie miraba al salir.
Poco a poco fui sustrayendo cosas de mas valor, solomillos, langostinos, foies carisimos, jamon serrano iberico, caviar… hasta finalmente llevarme medio supermercado cada dos dias. La frase que mas repetiamos en casa era: “Ya es navidad en casa Torbe”. Mi otro compañera de piso enseguida se aficionó al hurto y entre ella y yo saqueamos aquel super de arriba abajo. Muchas veces nos encontrabamos a mas personas en aquellla especie de cuarto ciego del supermercado metiendose cosas. Era vox populi, todo el barrio estaba saqueando el super, hasta que un dia por fin pusieron las famosas puertas “Pita” y ahí se termino la aventura. Se acabaron “las navidades”.
El saqueo duró unos pocos meses, y gracias a ese supermercado, gente sin dinero como yo por entonces, pudo comer como un rey durante un tiempo. Siento de todo corazon el haber robado a un super, y pido a Dios me perdone por mis actos, pero es que es triste robar, pero mas triste pedir, asi que opte por el robo, antes de pedir por las calles, y os puedo asegurar que en ocasiones casi lo hice porque no tenia para comer siquiera.